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"Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana"
J. Carter a Miles Davis. Cortázar, El perseguidor
"O make me a mask"
Dylan Thomas, citado en Cortázar, El Perseguidor
J. Carter a Miles Davis. Cortázar, El perseguidor
"O make me a mask"
Dylan Thomas, citado en Cortázar, El Perseguidor
En epistemología, una Revolución Científica, concepto manufacturado por Thomas S. Kuhn, se gesta cuando un viejo Paradigma, a entender como “Realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”, deja de cumplir aceptablemente su función explicativa de la realidad y las anomalías inherentes a su retrato del mundo son cada vez más notorias y difíciles de sobrellevar; esto no puede suceder sin la aparición de un nuevo paradigma fuerte y vigoroso, que llega a aclarar ahí los huecos que el anterior había soslayado. Un nuevo león que se acerca a retar al viejo para eventualmente ganar, goberna
r y ser vencido a su vez por un nuevo aspirante. Un claro ejemplo es el león de la relatividad que vino a desterrar al viejo león newtoniano.
En el plano estético y de la música es precisamente eso lo que viene a hacer Charlie Parker, una revolución, una Revolución Musical. El swing era ese paradigma anquilosado, entregado por completo al mainstream, a la pose, a la prosititución y mecenazgo artístico, jóvenes de invaluable talento eran reclutados para als Big Bands que hacían las delicias de un público acartonado, predecible y ansioso de hitparade; entre ellos se encontraban algunos como el mismo Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis o Max Roach. Jóvenes a fin de cuentas, impetuosos y en amplio sentido rebeldes, se reunían después de acabar de tocar en su trabajo formal con sus respectivas Big Bands, para hacer juntos un canto orgiástico a la libertad, creatividad y sobre todo a la música: eran las Jam Sessions, definidas por George Frazier como "una reunión informal de músicos de jazz con afinidad temperamental, que tocan para su propio disfrute música no escrita ni ensayada"
Se decían hartos del aburrimiento y rutina en que los sumergía el swing, así respondían cun furia, improvisación, un ataque casi desesperado, implacable de ritmos, armonías y melodías; esta nueva manera de hacer jazz parecía una metralleta frente a la vieja resortera del swing. Cada instrumento aparentemente por su cuenta, fractura completa de los tiempos clásicos del swing: el paraíso de la síncopa. El solo
y la improvisación eran correlato de algo que ya empezaba a ser conocido por el arte y la filosofía del momento: el valor epistemológico y estético del caos y la incertidumbre, descentramiento del ser, un corrimiento nietzscheano hacia la x.
Este espíritu vino a condensarse en un nuevo género, el Bebop, que vino a ponerle vestido sonoro a una época: saliendo de la Guerra Mundial, entrando al sistema de bloques, las angustiantes enseñanzas de Sartre, el clímax y colapso de las vanguardias, el ancimiento de los Beat. Por alguna razón, no tan difícil de entender si se tiene un par de oídos, un corazón y medio cerebro, el bop encajó a la perfección en el agujero del existencialismo, cual jeringa de heroína en el virtuoso brazo de Charlie Parker; la improvisación y tiempos de este jazz hacían paracer cada sonido como totalmente contingente, arrojado de la anda creativa al mundo, cualquier sonido bien pudo no haber nacido, ¿que extraña siápsis mezclada con qué estimulantes en el cerebro de un genio hacían surgir tal nota y no otra, para sin previo aviso quitarle la existencia y pasar a algo más, a amontonar agresivamente cada nota tras la otra, a bifurcarlas, a retorcerlas? Contingencia y sin embargo, una gran potencia de libertad indeterminada en cada sonido: así era como el existencialismo concebía al ser, inclusive podríamos jugar con las palabras Be-bop, un repentino y muchas veces fútil abraso (sic)de Ser, pero que en una juztaposición de oquedades traen algo, un extraño e inesperado deseo de no querer morir.
No fueron pocos los deslumbrados por este genio musical que emanaba de los dedos y saliva de hijos de esclavos, arrojados por casualidad al mundo en la potencia mundial en turno. Tal es el caso de Julio Cortázar, cuyo apasionante relato El Perseguidor, que no ensuciaré con mis feas palabras, es tan homenaje a Bird (Ch.P.) como una disertación del tiempo y la estética. Dejo al final de este post, en palabras del mismo Cortázar, un fragmento del relato, con Parker en el fondo tocando Out of nowhere, un excelente título para poner entre paréntesis la existencia.
Invito a escuchar esta excelente Jam Session en la que Parker se aleja de sus acostumbradas piezas tipo blitzkrieg de 3 minutos para asombrarnos con una densa hora exacta de algo que toca ya definitibamente al Hardbop o Postbop (lean en la portada la impresi
onante elineación de la noche):
Clic sobre la portada para bajar el disco, la contraseña es: jazzcrisis
Gracias a jazzcrisis.wordpress.com por compartirlo.
EL PERSEGUIDOR:

En el plano estético y de la música es precisamente eso lo que viene a hacer Charlie Parker, una revolución, una Revolución Musical. El swing era ese paradigma anquilosado, entregado por completo al mainstream, a la pose, a la prosititución y mecenazgo artístico, jóvenes de invaluable talento eran reclutados para als Big Bands que hacían las delicias de un público acartonado, predecible y ansioso de hitparade; entre ellos se encontraban algunos como el mismo Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis o Max Roach. Jóvenes a fin de cuentas, impetuosos y en amplio sentido rebeldes, se reunían después de acabar de tocar en su trabajo formal con sus respectivas Big Bands, para hacer juntos un canto orgiástico a la libertad, creatividad y sobre todo a la música: eran las Jam Sessions, definidas por George Frazier como "una reunión informal de músicos de jazz con afinidad temperamental, que tocan para su propio disfrute música no escrita ni ensayada"
Se decían hartos del aburrimiento y rutina en que los sumergía el swing, así respondían cun furia, improvisación, un ataque casi desesperado, implacable de ritmos, armonías y melodías; esta nueva manera de hacer jazz parecía una metralleta frente a la vieja resortera del swing. Cada instrumento aparentemente por su cuenta, fractura completa de los tiempos clásicos del swing: el paraíso de la síncopa. El solo

Este espíritu vino a condensarse en un nuevo género, el Bebop, que vino a ponerle vestido sonoro a una época: saliendo de la Guerra Mundial, entrando al sistema de bloques, las angustiantes enseñanzas de Sartre, el clímax y colapso de las vanguardias, el ancimiento de los Beat. Por alguna razón, no tan difícil de entender si se tiene un par de oídos, un corazón y medio cerebro, el bop encajó a la perfección en el agujero del existencialismo, cual jeringa de heroína en el virtuoso brazo de Charlie Parker; la improvisación y tiempos de este jazz hacían paracer cada sonido como totalmente contingente, arrojado de la anda creativa al mundo, cualquier sonido bien pudo no haber nacido, ¿que extraña siápsis mezclada con qué estimulantes en el cerebro de un genio hacían surgir tal nota y no otra, para sin previo aviso quitarle la existencia y pasar a algo más, a amontonar agresivamente cada nota tras la otra, a bifurcarlas, a retorcerlas? Contingencia y sin embargo, una gran potencia de libertad indeterminada en cada sonido: así era como el existencialismo concebía al ser, inclusive podríamos jugar con las palabras Be-bop, un repentino y muchas veces fútil abraso (sic)de Ser, pero que en una juztaposición de oquedades traen algo, un extraño e inesperado deseo de no querer morir.
No fueron pocos los deslumbrados por este genio musical que emanaba de los dedos y saliva de hijos de esclavos, arrojados por casualidad al mundo en la potencia mundial en turno. Tal es el caso de Julio Cortázar, cuyo apasionante relato El Perseguidor, que no ensuciaré con mis feas palabras, es tan homenaje a Bird (Ch.P.) como una disertación del tiempo y la estética. Dejo al final de este post, en palabras del mismo Cortázar, un fragmento del relato, con Parker en el fondo tocando Out of nowhere, un excelente título para poner entre paréntesis la existencia.
Invito a escuchar esta excelente Jam Session en la que Parker se aleja de sus acostumbradas piezas tipo blitzkrieg de 3 minutos para asombrarnos con una densa hora exacta de algo que toca ya definitibamente al Hardbop o Postbop (lean en la portada la impresi

Clic sobre la portada para bajar el disco, la contraseña es: jazzcrisis
Gracias a jazzcrisis.wordpress.com por compartirlo.
EL PERSEGUIDOR: